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En comunión por la #29JME2021
15 de Febrero, 2021

En comunión por la #29JME2021

En comunión las diferentes Diócesis de la Iglesia Católica Argentina ofrecieron la fecundidad de la Eucaristía en virtud de la 29° Jornada Mundial del Enfermo 2021

 

 


 

29° Jornada Mundial del Enfermo - Testimonio Mons. Bochatey
11 de Febrero, 2021

29° Jornada Mundial del Enfermo - Testimonio Mons. Bochatey

En diálogo con la Oficina de Comunicación y Prensa de la Conferencia Episcopal Argentina, Monseñor Alberto Bochatey, Obispo Auxiliar de La Plata y Presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Salud compartió que:

“Hoy celebramos la 29ª Jornada Mundial del Enfermo con el título que nos propone el Papa Francisco de “un solo es nuestro maestro y todos ustedes son hermanos” de Mt. 23,8 y subraya la relación de confianza, fundamento del cuidado fraterno. Sin duda esta Jornada Mundial del Enfermo en la festividad de la Virgen María en la advocación de Nuestra Señora de Lourdes se hace bajo los efectos de la pandemia generada por el COVID-19; lo que deriva en un año muy especial que exige una gran coherencia entre lo que profesamos y la vida real. Somos testigos necesarios de un Jesús que es nuestro maestro, que nos reúne como hermano en la característica de ser hermanos todos, aspecto que el Santo Padre Francisco resalta una y otra vez, siendo esto lo que nos da un camino único que nos va a permitir florecer como hijos únicos el Padre llamados a vivir en esta fraternidad.

Esta jornada nos invita a recordar el modelo de Jesús médico, que es totalmente opuesto a la hipocresía, a la especulación. Jesús propone detenerse, escuchar, establecer una relación directa y personal con el otro, sentir empatía, conmoción con él o con ella, dejarse involucrar en su sufrimiento hasta llegar a hacerse cargo del enfermo por medio del amor y del servicio. Este es el ejemplo de Cristo médico que todos tenemos que seguir. Sabemos que el sufrimiento no es una condena o un castigo, tampoco es un estado de lejanía de Dios o un signo de su indiferencia. El corazón herido tiene que ser sanado, tenemos que poner todas nuestras energías en el encuentro con Jesús; de hecho, se nos va a hablar de la necesidad de rehacer o establecer un pacto basado en la confianza, en el respeto mutuo de unos con otros, de los poderosos y los débiles, de los sanos y los enfermos; hacer de esta sinceridad dada por el pacto de confianza la disponibilidad para superar toda barrera para poner en el centro la dignidad del enfermo, es esta clave de la persona humana, su dignidad, una dignidad que tiene que ser tutelada por la profesionalidad de los agentes sanitarios y mantener una buena relación con los pacientes y con sus familias. Es necesario darnos cuenta que justamente de la dignidad de la persona humana aparecen todos los elementos que hacen al corazón del hombre y agradecer muchísimo en esta jornada también a los que se han entregado con generosidad al cuidado de los enfermos, los agentes sanitarios, los voluntarios, los trabajadores y trabajadoras, los sacerdotes, religiosos, religiosas, que con su profesionalidad y con su amor han ayudado, cuidado, consolado y servido a los tantos enfermos y sus familias. Hay una multitud silenciosa de varones y mujeres que han decidió mirar sus rostros haciéndose cargo de las heridas de los pacientes y de la soledad.

Tenemos que buscar la cercanía, respetando todos los protocolos para poder dar el bálsamo del encuentro, tenemos que vivir esta cercanía no solo de manera personal sino también de forma comunitaria, en efecto como nos recuerda el Papa Francisco en su mensaje, “el amor fraterno en Cristo genera una comunidad capaz de sanar que no abandona a nadie, que incluye, acoge a todos y en especial a los más frágiles”.

Queridos hermanos y hermanas, que sea una jornada plena de responsabilidad en este año de tanta enfermedad y muerte, donde debemos constatar que, a pesar del gran desafío dado por la pandemia, los esfuerzos inmensos que se han hecho para salvar vidas todavía en nombre de supuestos derechos subjetivos hay un número cada vez mayor de legislaciones en todo el mundo, entre ellos la Argentina, que parecen distanciarse del deber esencial de proteger la vida humana en todos sus aspectos. Si se suprime el derecho a la vida de los más débiles ¿cómo se podrá garantizar efectivamente todos los demás derechos? Nuestra sociedad necesita, para caminar de la mano de los progresos médicos y científicos contribuyendo a superar las dificultades, pero sobre todo teniendo un gran respeto por todas las vidas humanas.

Finalmente, una palabra referida al tema de las vacunas. En este día del enfermo estamos viviendo todavía la dificultad en la accesibilidad a las vacunas, lo que genera un montón de dudas sobre la valoración científica y profesional de las vacunas. También algunas irresponsabilidades en la comunicación de noticias en relación con la vacunación y a la calidad de estas. Tenemos que aportar mucha paz, sabiduría y reflexión ética y bioética a pesar de la crisis política que estamos viviendo entorno al tema de la salud.

Les envío mi bendición especial, un recuerdo y cercanía particular a los más enfermos y a los que han sufrido la pérdida de un ser querido.

Buenos Aires (La Plata), jueves 11 de febrero de 2021.

+ Monseñor Alberto Bochatey OSA
Obispo Auxiliar de La Plata
Presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Salud

 


 

Subsidio pastoral para la Jornada Mundial del Enfermo
27 de Enero, 2021

Subsidio pastoral para la Jornada Mundial del Enfermo

Queridos hermanos y hermanas:

       Les acercamos algunas propuestas pastorales para celebrar la “Jornada Mundial del Enfermo” el próximo 11 de febrero. Son sencillamente algunas sugerencias, para que, aquellos a quienes les resulte de alguna utilidad, las tomen si lo desean. Seguramente muchos de Uds. ya están aplicando algunas de éstas y quizás muchos tengan otras actividades muy buenas. Los alentamos a que en cada diócesis, sea de manera centralizada o en las diferentes parroquias o instituciones, se celebre con entusiasmo esta Jornada del modo que les sea más propio.

¡Que Jesús, el médico de cuerpos y almas, los siga bendiciendo mucho!

Propuestas pastorales para celebrar la “Jornada Mundial del Enfermo”:

  • Rezar por otros que están enfermos (se puede rezar por ellos en las intenciones de misa de ese día, u organizar cadenas de oración, invitar a que la gente tome el nombre de un enfermo de la comunidad y rece específicamente por él, darle a algunos enfermos –enfermos misioneros- los nombres de otros enfermos o voluntarios para que recen por ellos, etc. Esto se puede concretar muy bien a través de las redes sociales sin necesidad de contacto. )
     
  • Con todos los cuidados que esta Pandemia exige, y en la medida que sea posible, visitar a los enfermos especialmente en torno a esta semana: en hospitales, geriátricos, hogares, domicilios. Invitar a otros voluntarios a hacer la experiencia por primera vez y sumarse a los equipos ya constituídos.
     
  • Dar a conocer la Pastoral de la Salud y sus tareas en la diócesis, o en las parroquias por todos los medios posibles: avisos parroquiales, afiches o volantes (digitales y/o impresos), stands a la salida de misa o en la puerta del hospital, otros medios de difusión masiva.
     
  • Aprovechar la ocasión para nombrar nuevos ministros extraordinarios de la comunión o renovar a los ya existentes (algún gesto de renovación de su compromiso de llevar la comunión a los enfermos, bendecirlos especialmente en la misa, etc.)
     
  • Presentar a la comunidad los agentes de Pastoral de la Salud.
     
  • Celebrar alguna misa por los enfermos.
     
  • Se podría también administrar el sacramento de la Unción de los enfermos a quienes lo requieran, sea dentro o fuera de la misa,aprovechando esos días para hacer una adecuada catequesis sobre el significado de este hermoso sacramento.
     
  • Realizar en las comunidades colectas de insumos para los enfermos (pañales, gasas, pantuflas, pijamas, etc.)
     
  • En aquellas diócesis que tengan los recursos transmitir x TV/radio/video de youtube/ videito de Whatsapp/ etc. algún mensaje para los enfermos de parte del obispo, del delegado, o de algún referente de la Pastoral de la Salud.
     
  • Elaborar material impreso par ser difundido: con alguna oración por los enfermos, una guía de recursos para quienes están enfermos (horarios de misa x TV o radio/ tel. de pquias donde pedir ministros que les puedan llevar la comunión/ dirección de página Web/etc.)
     

 


 

Mensaje del Santo Padre Francisco para la XXIX jornada mundial del enfermo
15 de Enero, 2021

Mensaje del Santo Padre Francisco para la XXIX jornada mundial del enfermo

11 de febrero de 2021

Uno solo es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos (Mt 23,8).

La relación de confianza, fundamento del cuidado del enfermo.

Queridos hermanos y hermanas:

La celebración de la 29.a Jornada Mundial del Enfermo, que tendrá lugar el 11 de febrero de 2021, memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, es un momento propicio para brindar una atención especial a las personas enfermas y a quienes cuidan de ellas, tanto en los lugares destinados a su asistencia como en el seno de las familias y las comunidades. Pienso, en particular, en quienes sufren en todo el mundo los efectos de la pandemia del coronavirus. A todos, especialmente a los más pobres y marginados, les expreso mi cercanía espiritual, al mismo tiempo que les aseguro la solicitud y el afecto de la Iglesia.

1. El tema de esta Jornada se inspira en el pasaje evangélico en el que Jesús critica la hipocresía de quienes dicen, pero no hacen (cf. Mt 23,1-12). Cuando la fe se limita a ejercicios verbales estériles, sin involucrarse en la historia y las necesidades del prójimo, la coherencia entre el credo profesado y la vida real se debilita. El riesgo es grave; por este motivo, Jesús usa expresiones fuertes, para advertirnos del peligro de caer en la idolatría de nosotros mismos, y afirma: «Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos» (v. 8).

La crítica que Jesús dirige a quienes «dicen, pero no hacen» (v. 3) es beneficiosa, siempre y para todos, porque nadie es inmune al mal de la hipocresía, un mal muy grave, cuyo efecto es impedirnos florecer como hijos del único Padre, llamados a vivir una fraternidad universal.

Ante la condición de necesidad de un hermano o una hermana, Jesús nos muestra un modelo de comportamiento totalmente opuesto a la hipocresía. Propone detenerse, escuchar, establecer una relación directa y personal con el otro, sentir empatía y conmoción por él o por ella, dejarse involucrar en su sufrimiento hasta llegar a hacerse cargo de él por medio del servicio (cf. Lc 10,30-35).

2. La experiencia de la enfermedad hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad y, al mismo tiempo, la necesidad innata del otro. Nuestra condición de criaturas se vuelve aún más nítida y experimentamos de modo evidente nuestra dependencia de Dios. Efectivamente, cuando estamos enfermos, la incertidumbre, el temor y a veces la consternación, se apoderan de la mente y del corazón; nos encontramos en una situación de impotencia, porque nuestra salud no depende de nuestras capacidades o de que nos “angustiemos” (cf. Mt 6,27).

La enfermedad impone una pregunta por el sentido, que en la fe se dirige a Dios; una pregunta que busca un nuevo significado y una nueva dirección para la existencia, y que a veces puede ser que no encuentre una respuesta inmediata. Nuestros mismos amigos y familiares no siempre pueden ayudarnos en esta búsqueda trabajosa.

A este respecto, la figura bíblica de Job es emblemática. Su mujer y sus amigos no son capaces de acompañarlo en su desventura, es más, lo acusan aumentando en él la soledad y el desconcierto. Job cae en un estado de abandono e incomprensión. Pero precisamente por medio de esta extrema fragilidad, rechazando toda hipocresía y eligiendo el camino de la sinceridad con Dios y con los demás, hace llegar su grito insistente a Dios, que al final responde, abriéndole un nuevo horizonte. Le confirma que su sufrimiento no es una condena o un castigo, tampoco es un estado de lejanía de Dios o un signo de su indiferencia. Así, del corazón herido y sanado de Job, brota esa conmovida declaración al Señor, que resuena con energía: «Te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos» (42,5).

3. La enfermedad siempre tiene un rostro, incluso más de uno: tiene el rostro de cada enfermo y enferma, también de quienes se sienten ignorados, excluidos, víctimas de injusticias sociales que niegan sus derechos fundamentales (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 22). La pandemia actual ha sacado a la luz numerosas insuficiencias de los sistemas sanitarios y carencias en la atención de las personas enfermas. Los ancianos, los más débiles y vulnerables no siempre tienen garantizado el acceso a los tratamientos, y no siempre es de manera equitativa. Esto depende de las decisiones políticas, del modo de administrar los recursos y del compromiso de quienes ocupan cargos de responsabilidad. Invertir recursos en el cuidado y la atención a las personas enfermas es una prioridad vinculada a un principio: la salud es un bien común primario. Al mismo tiempo, la pandemia ha puesto también de relieve la entrega y la generosidad de agentes sanitarios, voluntarios, trabajadores y trabajadoras, sacerdotes, religiosos y religiosas que, con profesionalidad, abnegación, sentido de responsabilidad y amor al prójimo han ayudado, cuidado, consolado y servido a tantos enfermos y a sus familiares. Una multitud silenciosa de hombres y mujeres que han decidido mirar esos rostros, haciéndose cargo de las heridas de los pacientes, que sentían prójimos por el hecho de pertenecer a la misma familia humana.

La cercanía, de hecho, es un bálsamo muy valioso, que brinda apoyo y consuelo a quien sufre en la enfermedad. Como cristianos, vivimos la projimidad como expresión del amor de Jesucristo, el buen Samaritano, que con compasión se ha hecho cercano a todo ser humano, herido por el pecado. Unidos a Él por la acción del Espíritu Santo, estamos llamados a ser misericordiosos como el Padre y a amar, en particular, a los hermanos enfermos, débiles y que sufren (cf. Jn 13,34-35). Y vivimos esta cercanía, no sólo de manera personal, sino también de forma comunitaria: en efecto, el amor fraterno en Cristo genera una comunidad capaz de sanar, que no abandona a nadie, que incluye y acoge sobre todo a los más frágiles.

A este respecto, deseo recordar la importancia de la solidaridad fraterna, que se expresa de modo concreto en el servicio y que puede asumir formas muy diferentes, todas orientadas a sostener al prójimo. «Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo» (Homilía en La Habana, 20 septiembre 2015). En este compromiso cada uno es capaz de «dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles. […] El servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la “padece” y busca la promoción del hermano. Por eso nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a personas» (ibíd.).

4. Para que haya una buena terapia, es decisivo el aspecto relacional, mediante el que se puede adoptar un enfoque holístico hacia la persona enferma. Dar valor a este aspecto también ayuda a los médicos, los enfermeros, los profesionales y los voluntarios a hacerse cargo de aquellos que sufren para acompañarles en un camino de curación, gracias a una relación interpersonal de confianza (cf. Nueva Carta de los agentes sanitarios [2016], 4). Se trata, por lo tanto, de establecer un pacto entre los necesitados de cuidados y quienes los cuidan; un pacto basado en la confianza y el respeto mutuos, en la sinceridad, en la disponibilidad, para superar toda barrera defensiva, poner en el centro la dignidad del enfermo, tutelar la profesionalidad de los agentes sanitarios y mantener una buena relación con las familias de los pacientes.

Precisamente esta relación con la persona enferma encuentra una fuente inagotable de motivación y de fuerza en la caridad de Cristo, como demuestra el testimonio milenario de hombres y mujeres que se han santificado sirviendo a los enfermos. En efecto, del misterio de la muerte y resurrección de Cristo brota el amor que puede dar un sentido pleno tanto a la condición del paciente como a la de quien cuida de él. El Evangelio lo testimonia muchas veces, mostrando que las curaciones que hacía Jesús nunca son gestos mágicos, sino que siempre son fruto de un encuentro, de una relación interpersonal, en la que al don de Dios que ofrece Jesús le corresponde la fe de quien lo acoge, como resume la palabra que Jesús repite a menudo: “Tu fe te ha salvado”.

5. Queridos hermanos y hermanas: El mandamiento del amor, que Jesús dejó a sus discípulos, también encuentra una realización concreta en la relación con los enfermos. Una sociedad es tanto más humana cuanto más sabe cuidar a sus miembros frágiles y que más sufren, y sabe hacerlo con eficiencia animada por el amor fraterno. Caminemos hacia esta meta, procurando que nadie se quede solo, que nadie se sienta excluido ni abandonado.

Le encomiendo a María, Madre de misericordia y Salud de los enfermos, todas las personas enfermas, los agentes sanitarios y quienes se prodigan al lado de los que sufren. Que Ella, desde la Gruta de Lourdes y desde los innumerables santuarios que se le han dedicado en todo el mundo, sostenga nuestra fe y nuestra esperanza, y nos ayude a cuidarnos unos a otros con amor fraterno. A todos y cada uno les imparto de corazón mi bendición.

Roma, San Juan de Letrán, 20 de diciembre de 2020, cuarto domingo de Adviento.

Francisco


© Copyright - Libreria Editrice Vaticana

Enlace directo:(http://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/sick/documents/papa-francesco_20201220_giornata-malato.html)

Gentileza de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

 


Equipo de Comunicación
Consejo Pastoral para la Protección de Menores y Adultos Vulnerables
Conferencia Episcopal Argentina

 

 


 

Guías sobre el accionar de los Agentes en la Pastoral de la Salud Discípulos Misioneros en el Mundo de la Salud
11 de Marzo, 2020

Guías sobre el accionar de los Agentes en la Pastoral de la Salud Discípulos Misioneros en el Mundo de la Salud

Desde la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Salud compartimos una serie documentos bajo la denominación de “Guías” con el propósito de abordar el accionar de los Agentes en la Pastoral de la Salud, Discípulos Misioneros en el Mundo de la Salud.

Como comunidad cristiana acercamos estos textos para la fecundidad del trabajo pastoral:

 

Buenos Aires, miércoles 11 de marzo de 2020.


Equipo de Comunicación de la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Salud

 


 

“Recemos, pero también confiemos en los médicos” Afirmó Monseñor Alberto Bochatey sobre el Coronavirus – COVID19
16 de Marzo, 2020

“Recemos, pero también confiemos en los médicos” Afirmó Monseñor Alberto Bochatey sobre el Coronavirus – COVID19

El Presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Salud, Monseñor Alberto Bochatey, indicó que “la Iglesia sigue las indicaciones médicas, de las autoridades sanitarias y políticas respecto a la pandemia del coronavirus” y agregó que “la necesidad de alejarnos del mundo para protegernos del virus despierta la dimensión espiritual que tiene esta situación”. El obispo auxiliar de La Plata sostuvo que “el coronavirus no debe llevarnos al pánico sino a asumir con responsabilidad el cuidado de nuestra vida y la de los demás”.

Monseñor Bochatey destacó análogamente que “si uno va en el auto y ante una situación complicada suelta el volante y se tapa los ojos, lo más seguro es que se producirá un accidente. Aquí puede ocurrir lo mismo: está bien rezarle a Jesús, pero también hay que confiar en la ciencia y en los médicos”. Por ello invitó “desde la Pastoral de la Salud a seguir lo que indiquen las autoridades sobre el coronavirus”.

“Como comunidad cristiana no podemos abandonar a los enfermos, pero tampoco ser kamikazes e ir de cualquier manera. Hay que ver caso por caso. Y siempre buscar comunicarnos con ellos, rezar juntos. Igualmente, sugiero a los diferentes equipos de Pastoral de la Salud que consulten en sus diócesis respecto de que criterios utilizar”, expresó monseñor Bochatey. “Yo también estoy aislado ahora, pero lo vivo con buen humor, recibo mensajes de mis familiares y amigos a pesar de que no tengo contacto físico con ellos”, finalizó.

Buenos Aires, 16 de marzo de 2020

 


 

Gentileza programa de radio Caminos de Encuentro a través de Radio María Argentina.


Oficina de Prensa y Comunicación
Conferencia Episcopal Argentina

 


 

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA XXVIII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO
11 de Febrero, 2020

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA XXVIII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

La Santa Sede

 

11 de febrero de 2020
«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28)

Queridos hermanos y hermanas:

1. Las palabras que pronuncia Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28) indican el camino misterioso de la gracia que se revela a los sencillos y que ofrece alivio a quienes están cansados y fatigados. Estas palabras expresan la solidaridad del Hijo del hombre, Jesucristo, ante una humanidad afligida y que sufre. ¡Cuántas personas padecen en el cuerpo y en el espíritu! Jesús dice a todos que acudan a Él, «venid a mí», y les promete alivio y consuelo. «Cuando Jesús dice esto, tiene ante sus ojos a las personas que encuentra todos los días por los caminos de Galilea: mucha gente sencilla, pobres, enfermos, pecadores, marginados... del peso de la ley del sistema social opresivo... Esta gente lo ha seguido siempre para escuchar su palabra, ¡una palabra que daba esperanza!» (Ángelus, 6 julio 2014).

En la XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, Jesús dirige una invitación a los enfermos y a los oprimidos, a los pobres que saben que dependen completamente de Dios y que, heridos por el peso de la prueba, necesitan ser curados. Jesucristo, a quien siente angustia por su propia situación de fragilidad, dolor y debilidad, no impone leyes, sino que ofrece su misericordia, es decir, su persona salvadora. Jesús mira la humanidad herida. Tiene ojos que ven, que se dan cuenta, porque miran profundamente, no corren indiferentes, sino que se detienen y abrazan a todo el hombre, a cada hombre en su condición de salud, sin descartar a nadie, e invita a cada uno a entrar en su vida para experimentar la ternura.

2. ¿Por qué Jesucristo nutre estos sentimientos? Porque él mismo se hizo débil, vivió la experiencia humana del sufrimiento y recibió a su vez consuelo del Padre. Efectivamente, sólo quien vive en primera persona esta experiencia sabrá ser consuelo para otros. Las formas graves de sufrimiento son varias: enfermedades incurables y crónicas, patologías psíquicas, las que necesitan rehabilitación o cuidados paliativos, las diversas discapacidades, las enfermedades de la infancia y de la vejez… En estas circunstancias, a veces se percibe una carencia de humanidad y, por eso, resulta necesario personalizar el modo de acercarse al enfermo, añadiendo al curar el cuidar, para una recuperación humana integral. Durante la enfermedad, la persona siente que está comprometida no sólo su integridad física, sino también sus dimensiones relacionales, intelectiva, afectiva y espiritual; por eso, además de los tratamientos espera recibir apoyo, solicitud, atención… en definitiva, amor. Por otra parte, junto al enfermo hay una familia que sufre, y a su vez pide consuelo y cercanía.

3. Queridos hermanos y hermanas enfermos: A causa de la enfermedad, estáis de modo particular entre quienes, “cansados y agobiados”, atraen la mirada y el corazón de Jesús. De ahí viene la luz para vuestros momentos de oscuridad, la esperanza para vuestro desconsuelo. Jesús os invita a acudir a Él: «Venid». En Él, efectivamente, encontraréis la fuerza para afrontar las inquietudes y las preguntas que surgen en vosotros, en esta “noche” del cuerpo y del espíritu. Sí, Cristo no nos ha dado recetas, sino que con su pasión, muerte y resurrección nos libera de la opresión del mal. En esta condición, ciertamente, necesitáis un lugar para restableceros. La Iglesia desea ser cada vez más —y lo mejor que pueda— la “posada” del Buen Samaritano que es Cristo (cf. Lc 10,34), es decir, la casa en la que podéis encontrar su gracia, que se expresa en la familiaridad, en la acogida y en el consuelo. En esta casa, podréis encontrar personas que, curadas por la misericordia de Dios en su fragilidad, sabrán ayudaros a llevar la cruz haciendo de las propias heridas claraboyas a través de las cuales se pueda mirar el horizonte más allá de la enfermedad, y recibir luz y aire puro para vuestra vida. En esta tarea de procurar alivio a los hermanos enfermos se sitúa el servicio de los agentes sanitarios, médicos, enfermeros, personal sanitario y administrativo, auxiliares y voluntarios que actúan con competencia haciendo sentir la presencia de Cristo, que ofrece consuelo y se hace cargo de la persona enferma curando sus heridas. Sin embargo, ellos son también hombres y mujeres con sus fragilidades y sus enfermedades. Para ellos valen especialmente estas palabras: «Una vez recibido el alivio y el consuelo de Cristo, estamos llamados a su vez a convertirnos en descanso y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro» (Ángelus, 6 julio 2014).

4. Queridos agentes sanitarios: Cada intervención de diagnóstico, preventiva, terapéutica, de investigación, cada tratamiento o rehabilitación se dirige a la persona enferma, donde el sustantivo “persona” siempre está antes del adjetivo “enferma”. Por lo tanto, que vuestra acción tenga constantemente presente la dignidad y la vida de la persona, sin ceder a actos que lleven a la eutanasia, al suicidio asistido o a poner fin a la vida, ni siquiera cuando el estado de la enfermedad sea irreversible. En la experiencia del límite y del posible fracaso de la ciencia médica frente a casos clínicos cada vez más problemáticos y a diagnósticos infaustos, estáis llamados a abriros a la dimensión trascendente, que puede daros el sentido pleno de vuestra profesión. Recordemos que la vida es sagrada y pertenece a Dios, por lo tanto, es inviolable y no se puede disponer de ella (cf. Instr. Donum vitae, 5; Carta enc. Evangelium vitae, 29-53). La vida debe ser acogida, tutelada, respetada y servida desde que surge hasta que termina: lo requieren simultáneamente tanto la razón como la fe en Dios, autor de la vida. En ciertos casos, la objeción de conciencia es para vosotros una elección necesaria para ser coherentes con este “sí” a la vida y a la persona. En cualquier caso, vuestra profesionalidad, animada por la caridad cristiana, será el mejor servicio al verdadero derecho humano, el derecho a la vida. Aunque a veces no podáis curar al enfermo, sí que podéis siempre cuidar de él con gestos y procedimientos que le den alivio y consuelo. Lamentablemente, en algunos contextos de guerra y de conflicto violento, el personal sanitario y los centros que se ocupan de dar acogida y asistencia a los enfermos están en el punto de mira. En algunas zonas, el poder político también pretende manipular la asistencia médica a su favor, limitando la justa autonomía de la profesión sanitaria. En realidad, atacar a aquellos que se dedican al servicio de los miembros del cuerpo social que sufren no beneficia a nadie.

5. En esta XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, pienso en los numerosos hermanos y hermanas que, en todo el mundo, no tienen la posibilidad de acceder a los tratamientos, porque viven en la pobreza. Me dirijo, por lo tanto, a las instituciones sanitarias y a los Gobiernos de todos los países del mundo, a fin de que no desatiendan la justicia social, considerando solamente el aspecto económico. Deseo que, aunando los principios de solidaridad y subsidiariedad, se coopere para que todos tengan acceso a los cuidados adecuados para la salvaguardia y la recuperación de la salud. Agradezco de corazón a los voluntarios que se ponen al servicio de los enfermos, que suplen en muchos casos carencias estructurales y reflejan, con gestos de ternura y de cercanía, la imagen de Cristo Buen Samaritano. Encomiendo a la Virgen María, Salud de los enfermos, a todas las personas que están llevando el peso de la enfermedad, así como a sus familias y a los agentes sanitarios. A todos, con afecto, les aseguro mi cercanía en la oración y les imparto de corazón la Bendición Apostólica.

Vaticano, 3 de enero de 2020
Memoria del Santísimo Nombre de Jesús

Francisco

 


 

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Gentileza de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.


Oficina de Prensa y Comunicación
Conferencia Episcopal Argentina

 


 

Jornada Mundial del Enfermo 2020
11 de Febrero, 2020

Jornada Mundial del Enfermo 2020

En memoria de Nuestra Señora de Lourdes, celebramos la XXVIII Jornada Mundial Del Enfermo unidos en la oración por quienes esperan recuperar pronto su salud.